Lo que me habría gustado saber sobre el dolor
El dolor llegó a mí de muchas formas. Envuelto en una piedra en los riñones, filtrándose entre huesos agrietados, extendiéndose en una infección que duró un año o deslizándose por la abertura que dejó una cirugía. Me despertó un dolor de muelas insoportable, me ensordeció con el sonido agudo de una otitis y hasta me mandó directa al colegio después de que la escoba de mi madre tuviera un breve encuentro con mi pequeño trasero. La escoba también era pequeña.
Creo que el dolor es algo muy personal. Se mezcla contigo, con toda tu complejidad física y emocional, y tiene una forma única de expresarse. Tu pasado lo moldea.
Lo que el dolor lleva consigo y los médicos no siempre ven

Quiero contarte por qué creo que es así. Cuando tenía nueve años, me rompí una pierna jugando al fútbol. Era la única niña del equipo y tenía mucho que demostrar, además de que me encantaba el juego. Aquel día de verano, como portera, me lancé con todo para detener al chico que venía directo a marcar. El jugador resbaló con el balón y cayó sobre mi pierna derecha. Escuché el crujido del hueso y vi la expresión en el rostro del niño. Estaba tan asustado como yo, solo que sin dolor, claro.
Mi hermano me llevó en brazos hasta la casa de mi abuela, que vivía más cerca del campo. Todo el camino lloré sin parar. Si alguna vez te has roto un hueso, sabes cuánta “diversión” implica.
Pero al mismo tiempo mi mente no paraba: ahora, los que decían que no debía jugar al fútbol por ser una niña se sentirán con razón para repetirlo. Tal vez tenían razón, quizá soy demasiado débil; de otro modo, ¿por qué colgaría así mi pierna? Me sentí profundamente traicionada por mi propio cuerpo. Además, iba a preocupar a mi madre. Bastantes problemas tiene ya, pensé, no debería darle más. Y quizá cuando me recupere el equipo ya no me quiera, porque… ¿por qué lo harían?
Mezclado con todo eso estaba el deseo de recibir cariño y atención. Pasé aquel verano atrapada en el yeso, negándome a descansar y recuperarme, saltando en una sola pierna para demostrar que podía arreglármelas. Después de tres meses me lo retiraron y poco a poco sané. El hueso se soldó, pero la sensación de haber sido una carga permaneció.
Mi punto es que, junto con el dolor, llegaron todas esas emociones tóxicas. Cada vez que me pasaba algo, el dolor venía acompañado de culpa, vergüenza, frustración y mucha rabia.
Cuando un coche me atropelló, escuché cosas como:
“Era cuestión de tiempo. Eres demasiado caótica, siempre corriendo, sin prestar atención. No me sorprende.”
Yo me defendía de esos comentarios, pero por dentro me sentía un poco menos yo, un poco más enfadada. También crecía la decepción con mi cuerpo. Su incapacidad de ser perfecto, como yo necesitaba que fuera, me parecía una traición. Ahí fue cuando las grietas en la relación mente-cuerpo empezaron a mostrarse.
Después de todo esto me pregunto: ¿es el dolor lo que nos rompe o nuestra respuesta ante él?
Ahora, cada vez que miro atrás y repaso todas esas lesiones, entiendo que el dolor me estaba haciendo una pregunta real: ¿quién eres en mi presencia?
Si hubiera visto las señales de mi resistencia, de no aceptar el dolor, de pelear contra lo que no podemos controlar… ¿sería diferente mi vida hoy?
Así que empecé a escuchar cuando el dolor decidió quedarse conmigo día y noche. Esta vez no se fue como antes: ni a los tres meses ni a los tres años.
Frené. Y en lugar de preguntarme “¿por qué no desaparece?”, empecé a decirme: “¿de dónde viene?”
Prestar atención a lo que mi cuerpo decía, en lugar de culparlo, hizo que volviéramos a ser un equipo.
Escúchalo, y quizá sea él quien te saque del dolor.
Qué es realmente el dolor: cómo funciona y por qué permanece
Siempre tuve la mala costumbre de creer que era más lista de lo que en realidad era. Así que, ante una pregunta como esta, hace algunos años habría respondido:
“El dolor es cuando algo duele.” Y probablemente habría añadido: “¡Vaya pregunta más tonta!”
Digamos que me equivoqué.
Espero que tú seas más curioso y menos engreído de lo que yo fui y que realmente quieras entender qué es el dolor.
Lo primero que debe quedar claro es que el dolor no es solo una señal física, sino la manera en que tu cerebro te comunica que algo no va bien.
¿Por qué es tan importante sentir dolor?
Para responder, quiero contarte sobre un trastorno genético poco común: las personas que nacen sin la capacidad de sentir dolor físico. Su sistema nervioso puede percibir el tacto, la presión o la temperatura, pero las señales de dolor no se procesan correctamente en el cerebro.
Imagina que te cortas un dedo, pero como no sientes dolor, ni tú ni tu cuerpo lo considerarán una amenaza. Por eso, el dolor es, ante todo, un sistema de alarma.
Ahora que entendemos su importancia, ¿cómo funciona el dolor?
Cuando te cortas o te quemas, las terminaciones nerviosas especiales (llamadas nociceptores) envían señales al cerebro. El cerebro decide la intensidad del dolor según varios factores, como:
- Lo que has vivido antes, especialmente en la infancia.
- El nivel de estrés o preocupación que tienes en ese momento.
- Tu sensación de seguridad emocional: si te sientes apoyado, equilibrado y a salvo.
- El entorno en el que estás: las personas, el espacio, la situación.
Piénsalo así: cuando estás muy cansado, ¿tienes la misma tolerancia al ruido? Supongo que no. Del mismo modo, tu reacción al dolor cambia cuando estás agotado, angustiado, deprimido o preocupado.
Por eso, dos personas con la misma lesión pueden sentir niveles de dolor totalmente distintos.
Una de ellas sanará el tejido, se librará del dolor en unos días o semanas y seguirá con su vida. En cambio, en la otra persona, el tejido también sanará, pero el cerebro quedará atrapado en modo protección. Y ahí es cuando el dolor se vuelve crónico.
Los tres tipos principales de dolor (y cómo reconocer el tuyo)

No todo el dolor es igual. Una buena evaluación médica puede ayudarte a entender qué tipo de dolor tienes y orientarte hacia el tratamiento y el apoyo adecuados. Por ejemplo – yo, con suerte o sin ella – tengo los tres, y todos son reales. Uno no excluye al otro.
Dolor nociceptivo – Dolor basado en los tejidos
Es el tipo más común. Ocurre cuando hay daño físico en el cuerpo. A veces es fácil de localizar (como un corte o una inflamación articular) y otras no tanto, como en el caso del dolor interno de los órganos – por ejemplo, los cólicos menstruales.
Cómo se siente: agudo, punzante, pulsante o sordo.
Causas comunes: distensión muscular, endometriosis, moretones o cortes, dolor postural de espalda o cuello, recuperación tras una cirugía.
Tratamiento típico: reposo, aplicación de frío o calor, analgésicos, movimiento suave a medida que avanza la curación, cuidados adecuados de la herida en caso de cirugía.
Dolor neuropático – Dolor basado en los nervios
Este dolor es causado por nervios dañados, comprimidos o irritados. Los nervios envían señales erróneas al cerebro incluso cuando ya no hay lesión.
Cómo se siente: ardor, pinchazos, descargas eléctricas, entumecimiento o sensación de hormigueo.
Causas comunes: ciática, hernia discal, neuropatía diabética.
Tratamiento típico: medicamentos que calman los nervios, terapia TENS, rehabilitación.
Nociplastic Pain – Brain/Nervous System-Based Pain
En este caso el dolor es real, pero no existe una lesión evidente ni daño nervioso claro. Como en mi caso: al principio había una causa reconocible y fácil de ubicar, pero con el tiempo se intensificó y se extendió. El sistema nervioso se volvió hipersensible y el cerebro siguió enviando señales de peligro, así que el dolor permaneció.
Cómo se siente: generalizado, cambiante, persistente; difícil de localizar o describir.
Causas comunes: fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, dolor pélvico, cefaleas tensionales, síndrome del intestino irritable, dolor lumbar inespecífico.
Tratamiento: educación sobre el dolor, regulación del sistema nervioso, movimiento suave, técnicas de regulación emocional y física, terapia TENS(como apoyo puntual si el paciente lo percibe útil), exposición sensorial gradual (Graded Sensory Exposure).
Dolor agudo vs. dolor crónico – por qué algunos dolores sanan y otros se quedan

Esta parte puede resultar confusa para muchas personas, por eso quiero explicar las diferencias con claridad para que puedas identificarlas.
Características del dolor agudo
- Comienza de forma repentina y suele tener una causa clara (una lesión o una cirugía).
- Dura desde unas horas hasta unas semanas.
- Desaparece una vez que el cuerpo se recupera.
- Es una señal de advertencia normal y útil.
Características del dolor crónico
- Dura más de tres meses y es continuo o recurrente.
- Puede comenzar tras una lesión o aparecer sin una causa aparente.
- Puede continuar incluso cuando el cuerpo ya está curado.
- A menudo implica un sistema nervioso sensibilizado que permanece en estado de alerta (sensibilización central).
- Quienes lo sufren suelen sentirse ansiosos, frustrados, desmotivados. Les cuesta concentrarse, planificar o incluso pensar con claridad.
Ejemplos:
- Un esguince de tobillo que duele durante unas semanas = dolor nociceptivo agudo.
- Una ciática que vuelve una y otra vez durante meses = dolor neuropático crónico.
- Dolor lumbar generalizado sin una lesión clara = dolor nociplástico crónico.
El dolor crónico funciona como una alarma que sigue sonando incluso después de que el peligro haya pasado. El cerebro continúa produciendo dolor porque cree que todavía estás bajo algún tipo de amenaza – física, emocional o incluso inconsciente.
Y aquí no puedo enfatizarlo lo suficiente: el estrés, el trauma, el miedo o las experiencias pasadas pueden hacer que el dolor empeore o dure más.
Sé que ha sido mucha información, pero espero que te haya ayudado a comprender un poco mejor la ciencia del dolor. Aún queda mucho por explorar sobre la sensibilización central y el sistema nervioso, así que pronto compartiré más sobre ello. Mientras tanto, puedes escribirme o dejar tus preguntas: me encantará responderte.
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“Cuaderno de claridad clínica – Un mapa para un diagnóstico preciso”
Hasta la próxima,
Alina

